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La crisis religiosa de hoy en día

Conferencia de junio de la Asociación de Mejoramiento Mutuo

Salón de Asambleas, Manzana del Templo, Salt Lake City, Utah

9 de junio de 1934


Elsie Talmage Brandley

Elsie Talmage Brandley. Alrededor del año 1930. La hermana Brandley, jefa de cierre de la revista Young Woman’s Journal, fue una popular oradora y escritora, miembro de la Mesa Directiva General de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Damas Jóvenes, en la que prestó servicio desde 1924 hasta su prematura muerte en 1935. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Elsie Talmage Brandley (1896–1935) tenía una gran facilidad de expresión, cultivada por herencia. Su madre, May Booth Talmage, crio a siete hijos, prestó servicio en la Mesa Directiva General de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Damas Jóvenes (YLMIA, por sus siglas en inglés) durante treinta y ocho años, fue editora del Young Woman’s Journal durante diecinueve meses, y una líder del movimiento sufragista en Utah1. James E. Talmage, su padre, era geólogo, decano de la universidad, prolífico autor de libros sobre teología y miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles2. Cuando era niña, la hermana Brandley entró de noche a hurtadillas en el estudio de su padre y volcó un bote de tinta que se derramó sobre su camisón. Cuando su madre la vio, le preguntó: “¿No crees que te mereces un azote?”, a lo que Elsie respondió: “Preferiría un abrazo”3.

La relación de la hermana Brandley con la tinta resultaría duradera. Cuando estudiaba en la Universidad Brigham Young fue vicepresidenta del consejo de estudiantes y editora adjunta de White and Blue, un periódico estudiantil4. En 1923, seis años después de su graduación y su matrimonio con Harold Brandley, se convirtió en editora adjunta del Young Woman’s Journal5. Madre de siete hijas, zurcía medias entre párrafo y párrafo cuando escribía o leía las pruebas para la revista6. Era editora general en 1929, cuando la revista se fusionó con Improvement Era, una publicación periódica dirigida a lectores tanto varones como mujeres. Con el fin del Young Woman’s Journal, la hermana Brandley se convirtió inmediatamente en editora adjunta del Improvement Era, y prestó servicio en ese cargo hasta su muerte en 19357.

El servicio de la hermana Brandley en la Mesa Directiva General de la YLMIA abarcó once años, durante las presidencias de Mattie Horne Tingey y Ruth May Fox8. Se unió a la Mesa Directiva en 1924 y, además de trabajar en las revistas, ayudaba a escribir manuales, obras de teatro, canciones, programas y otros materiales9. También era una popular oradora10. E. E. Ericksen, con quien colaboró en comités de la Asociación de Mejoramiento Mutuo (MIA, por sus siglas en inglés), dijo que su idea de salvar almas era mejorar todas las habilidades que estas poseían: culturales, morales y espirituales. “Para ella, la personalidad humana era sagrada, y su desarrollo era el gran objetivo espiritual”, dijo11. También abogaba por que los jóvenes preguntaran y encontraran las respuestas a sus propias preguntas. “Ustedes son aquellos cuya responsabilidad es asegurar la fe y la inquebrantable confianza en el Evangelio, que es su herencia”, escribió12.

Muchas personas sentían que, en la década de 1930, el mundo atravesaba una crisis moral, política y económica, en parte por el desencanto luego de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión. En particular se consideraba que los jóvenes estaban en crisis. Con el comienzo de la Gran Depresión, la tasa de abandono escolar aumentó sustancialmente, el desempleo juvenil ascendió de manera brusca y, para 1932, doscientos mil jóvenes habían abandonado la desesperada situación de su hogar para deambular por el país13. Los líderes de los jóvenes Santos de los Últimos Días hablaban de esa crisis religiosa y moral en sus reuniones de la Mesa Directiva General. Por ejemplo, unas semanas antes de esta conferencia, la presidenta Ruth May Fox exhortó a los miembros de la Mesa Directiva a orar constantemente: “Vivimos tiempos críticos, y todo aquello que pueda estar en conmoción, lo estará”14. Las personas que hablaron en esta conferencia eran optimistas en cuanto al modo en que la Iglesia fortalecía a los miembros para resistir tales desafíos15.

En la década de 1930, la YLMIA y la Asociación de Mejoramiento Mutuo de los Hombres Jóvenes (YMMIA, por sus siglas en inglés) trabajaron estrechamente mediante conferencias conjuntas, reuniones, comités y programas coordinados (incluso concursos y bailes)16. Ambas organizaciones se hallaban en un momento de transición desde un enfoque en la recreación y la educación en el servicio social de los jóvenes hacia un mayor énfasis en Jesucristo y en las enseñanzas del Evangelio17. En 1934, la YLMIA también adoptó un nuevo nombre, pasando a ser la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes (YWMIA, por sus siglas en inglés) ya que se consideraba que mujeres era una descripción más digna que damas18. La hermana Brandley pronunció el siguiente discurso en el Salón de Asambleas de la Manzana del Templo después de que la MIA llevase a cabo el estudio “Actitudes de la juventud”, en el que dos grupos de hombres y mujeres jóvenes hicieron presentaciones ante los miembros de la Mesa Directiva de la MIA en cuanto a sus desafíos19. Cuatro miembros de la Mesa Directiva —la hermana Brandley, Joseph Fielding Smith, Oscar A. Kirkham y Melvin J. Ballard— respondieron a los asuntos planteados por aquellos jóvenes en la primera sesión general de la conferencia de junio de la MIA20. La sesión fue enormemente popular, y la revista Improvement Era publicó los discursos21. Los discursos de la hermana Brandley y del élder Ballard también se reimprimieron en el Millennial Star22.

Esta es una reunión de los líderes de la juventud —de los jóvenes Santos de los Últimos Días—, y en presencia de ustedes, que tan generosamente dan de sí mismos, rindo sincero tributo23. Suyo es el don del que el poeta debía hablar cuando dijo: “Quien con su limosna da de su propio ser, alimenta a tres: a sí mismo, a su prójimo hambriento y a mí”24.

Me siento feliz y agradecida por estar viva en esta época y formar parte de mi propia generación —la generación intermedia de las tres que actualmente trabajan en la Asociación de Mejoramiento Mutuo— porque contamos con una mayor y más experimentada para guiarnos con su sabiduría, y con una más joven que nos llena de entusiasmo y energía25. Tenemos a ambas para ayudarnos a hallar guía a fin de pasar de nuestros propios problemas individuales hacia los casi aterradores problemas de un nuevo día. Negar el hecho de que estamos ante un nuevo día es cerrar los ojos al mundo que nos rodea; demostramos estar ciegos y sordos a horizontes y sonidos tan importantes que una mente inteligente no solo debe aceptarlos, sino integrarlos en el patrón cambiante y colorido que es la vida que tenemos por delante. Con el paso de cada generación se acentúa el cambio, unos problemas dan lugar a otros, las respuestas cambian con los tiempos. En vista del asombroso progreso y el drástico cambio del pasado siglo, es fácil ver algunas de las razones por las que los problemas ahora son más graves y menos fáciles de resolver mediante los viejos métodos de la disciplina y las declaraciones.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el cambio ha ido al compás de lo acontecido fuera de la misma, y así ha de ser, porque el mormonismo se basa en un cimiento de revelación moderna, y por eso tiene más derecho a cambiar, bajo una dirección autorizada, que muchas otras organizaciones que existen26. Los cambios se han producido, y continuarán haciéndolo, en las tradiciones, las prácticas y los métodos. En la primera sección de Doctrina y Convenios se nos dice que el Señor habló a Sus siervos conforme al idioma de ellos para que alcanzasen entendimiento27. ¿Es acaso irreverente o sacrílego concluir que, con un mayor entendimiento, el lenguaje podría tornarse cada vez más explícito y profundo?

De algunas cosas estamos seguros; nos aferramos a ciertos principios arraigados. Como Santos de los Últimos Días aceptamos la divinidad de Jesús de Nazaret; creemos sin reservas en el Evangelio restaurado tal como se ha dado por medio del profeta José Smith; consideramos que las Autoridades Generales de la Iglesia han sido divinamente comisionadas para hablar en el nombre de Dios y dar testimonio de la divinidad de Cristo; aceptamos los libros canónicos de la Iglesia como la palabra autorizada dada para la guía espiritual del hombre sobre la tierra.

Un equipo de geólogos, al atravesar un yacimiento de pizarra suelta en una pronunciada pendiente, se dio cuenta de que la pizarra se resbalaba. La mayor parte del grupo llegó al otro lado de la colina a salvo pero uno de ellos, que cerraba la comitiva, vio que la resbaladiza roca lo arrastraba en su glacial garra hacia un declive que podría significar la muerte. Al mirar hacia el frente advirtió en su trayectoria el tronco de un viejo árbol, y reconoció una oportunidad de ponerse a salvo. Estirándose hacia el tocón, agarrándolo y aferrándose a él con todas sus fuerzas, pudo sujetarse mientras pasaba todo el yacimiento de pizarra suelta. Su conocimiento de la estabilidad de un árbol que permanece firmemente arraigado a pesar de la movediza superficie de roca le dio seguridad; pudo hacer frente al aparente desastre aferrándose a aquello que está arraigado de ese modo . A las raíces fundamentales de las creencias de la Iglesia nos aferramos; a ellas anclamos nuestra fe; en ellas creemos. Las diferencias que pueden surgir entre grupos y personas no se apoyan en esas raíces. Fuera de esto, que es básico, las opiniones pueden diferir. Como líderes, examinemos las posibles evidencias de divergencia y las razones de las mismas, si las hay, y tratemos de vislumbrar una posible solución.

Consideren de nuevo las muchas nuevas formas de vida que se presentan hoy en día para su comprensión e incorporación en un nuevo sistema: en política, economía, tecnología, ciencia, educación, bienestar social, recreación y muchos otros ámbitos28. Cualquier malentendido ocasional entre los jóvenes y las personas de edad madura podría ser principalmente de orientación: de encontrar órbitas en el nuevo sistema. Las personas de edad madura se relacionan mucho con la juventud a la hora de hacer frente a la mayoría de los cambios en los campos de la invención, de los descubrimientos, de los avances científicos, de recreación y capacitación vocacional, y de muchas nuevas aplicaciones de la verdad religiosa aceptada. Si se encuentran ante una puerta por la que los jóvenes exigen su derecho a pasar y las personas maduras vacilan, ¿no es, quizás, porque la juventud siempre fue curiosa, osada e inquisitiva, mientras que las personas mayores, habiendo corrido sus propios riesgos, ansían seguridad?

Los padres y los líderes proporcionan y administran formación, y la formación enseña a los jóvenes a explorar, a experimentar, a probar nuevas formas y a encontrar nuevos caminos. ¿Es coherente renegar de lo que se encuentran en esos periplos educativos? ¿Nos esforzamos por descubrir cuán rezagados podríamos estar nosotros, líderes y padres, respecto a los jóvenes, en lugar de tratar de sopesar cuán lejos se han apartado ellos de nosotros?

En el contexto religioso que nos ocupa hoy, el mundo considera inadecuadas las condiciones del pasado. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no tiene más dificultades para hacer ajustes religiosos que otros, y quizás tenga muchas menos, pero ya no es posible que la Iglesia se mantenga al margen del mundo. En sus lecturas, sus estudios, sus observaciones y sus contactos, los jóvenes hacen descubrimientos que a ellos les parecen nuevos. Cuando esos descubrimientos parecen amenazar las tradiciones religiosas de sus mayores, honradas a lo largo del tiempo, es inevitable que surja la preocupación.

La situación no es nueva en esta época ni en esta Iglesia; las personas siempre han valorado profundamente sus creencias y sus prácticas religiosas, mayores y menores, y se han sentido ofendidas por las innovaciones que las han puesto en peligro. Hace cinco siglos, a Colón se le rehusó la ayuda en su intento de demostrar que la tierra era redonda porque la Biblia había hablado de los cuatro confines de la tierra, y una esfera no podía tener cuatro confines29. Hace cinco años, una mujer insistía en que su hija renunciara a la anestesia en su parto basándose en que la Biblia decía que la mujer había de dar a luz a sus hijos con dolor y sufrimiento30.

Nosotros no debemos, ni ahora ni en los últimos días, y especialmente en la Iglesia de Jesucristo, apelar a la palabra de Dios para provocar un malentendido innecesario. En palabras de un difunto miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles:

“No tergiversemos las Escrituras en un esfuerzo por justificar lo que no podemos explicar. Los primeros capítulos de Génesis y los pasajes de las Escrituras que se relacionan con ellos nunca pretendieron ser un libro de texto sobre geología, arqueología, ciencias de la tierra o ciencias del hombre; las sagradas Escrituras perdurarán, mientras las concepciones de los hombres cambian con los nuevos descubrimientos. No mostramos reverencia por las Escrituras cuando las usamos incorrectamente mediante una interpretación imperfecta”31.

En mi opinión, conocer las verdades fundamentales del Evangelio es dejar a la persona libre para ir a lo largo y ancho, anclada en ese conocimiento, en busca de todo lo demás que la tierra, los mares y los cielos tienen para enseñar. En lugar de hacer de las verdades religiosas un tema de discordia y una fuente de divergencia, ¿no deberíamos, como líderes e individualmente, tratar de hacer de ellas un medio para extraer orden y armonía de la aparente confusión?

Una de las influencias que trae consigo el nuevo día, una influencia de importancia vital, es la de la lectura; pero uno de los yacimientos de pizarra de la actualidad es la lectura sin sentido crítico. El estudio de la página impresa debe ser analítico; si no, no tendrá sentido o será demasiado poderoso, y ambas condiciones son peligrosas. Cito al azar una o dos líneas de diversas fuentes para recordarles lo que los jóvenes leen día tras día, semana tras semana, y pregunto: Antes de que nuestras propias ideas estuvieran claramente definidas y consolidadas, ¿podríamos haber vivido a base de una dieta de lectura como esta y haber sido inmunes a su influencia? ¿No debemos reconocer que las fuerzas que rodean a los jóvenes hoy en día son más potentes a la hora de alentarlos a hacerse preguntas que las fuerzas del pasado?

Cuando describe la Feria de Chicago32, Robert Morse Lovett dice en Current History de enero de 1934:

Eran muchas las evidencias de los logros de la ciencia —el teléfono, la radio, la televisión, el avión— pero, ¿dónde estaba la evidencia de un género humano con una vida más plena o la promesa de ella? La decepción era especialmente profunda cuando las personas iban a los salones de Ciencia Social y Religión. Las exposiciones en las dos últimas sugerían una inquietante duda en cuanto al significado, la realidad y el futuro de progreso hacia una vida más plena. Por toda la feria se escuchaban comentarios en cada rincón sobre las nuevas mejoras que habían mecanizado la vida pero que no habían logrado enriquecer los valores de vida33.

En Christian Century del 24 de enero de 1934, Albert Edward Bailey presenta un diálogo imaginario entre el arquitecto de una nueva iglesia y un soñador con ideas de cómo debería ser esa iglesia. El soñador dice:

“Intenta encontrar en la estructura lugares para la meditación; yo los veo como senderos hacia Dios. Toma, por ejemplo, los senderos del servicio… con estatuillas que ilustran la parábola del Buen Samaritano; frescos en las paredes que muestran a Lincoln emancipando a los esclavos; la primera vez que se aplicó la anestesia; Howard y la reforma penitenciaria; una biblioteca Carnegie; Jane Addams y Hull House…”. El arquitecto responde: “Este sueño tuyo significa desechar muchas de las ideas y las costumbres de antaño; dudo que alguna vez logres que la Iglesia en su conjunto lo acepte”, a lo que el soñador contesta: “Bueno, ¿no nos hallamos en medio de una revolución social de primera magnitud? ¿Por qué no habría la Iglesia de llevar a cabo una pequeña revolución… si esta fuera a… acercar un poco más el reino de Dios?”34.

En “The Will to Doubt”, Glenn Frank dice:

La voluntad de creer nos ha dado a nuestros grandes santos; la voluntad de dudar nos ha dado a nuestros grandes científicos. La meta del hombre inteligente es desarrollar un carácter en el que la voluntad de creer del santo y la voluntad de dudar del científico se encuentren y se combinen. Por separado, ninguno de los dos hace entero al hombre. Una fe meramente ciega produce un santo blando; una duda solamente ciega produce un científico duro. La humanidad debe mucho al santo y mucho al científico, pero a la humanidad le iría mal si el mundo estuviese poblado solamente por santos con una fe ciega, o por científicos con una duda ciega. La ciencia moderna es discreta. Aplaza el juicio cuando no sabe. En todos los demás ámbitos —la religión, la política, etc.— debemos aprender a hacer lo mismo. Hemos de obrar a la luz de lo mejor que sabemos en un momento dado, pero debemos estar dispuestos a que nuestras creencias estén abiertas al cambio a la luz de nuevos hechos. Así podemos combinar al santo y al científico35.

Con pensadores como estos, instando a los jóvenes a hacerse preguntas, ¿por qué no habrían de hacerlo? El liderazgo maduro no se puede permitir quedarse a un lado, mantenerse distante esperando en la puerta a que los jóvenes regresen de explorar por sí mismos. Nosotros, los líderes de la Asociación de Mejoramiento Mutuo, debemos ir con ellos y aprender lo que ellos aprenden, y ver lo que ellos ven. Un joven de prominencia en la Asociación de Mejoramiento Mutuo, al hacer a su padre una pregunta recibió la siguiente respuesta: “No quiero que vuelvas a hablar nunca de esas cosas en mi presencia”. Ese hombre renunció a pasar con su hijo por la puerta de la indagación, y perdió su poder para liderar al joven. ¡Los líderes de la Asociación de Mejoramiento Mutuo no deben perder sus contactos por una actitud como esa! Los jóvenes deben preguntar a fin de encontrar respuestas; los jóvenes deben analizar y armonizar. Su gran deseo de hacerlo es una muestra de su interés; la pasividad indiferente sería la muerte, pero esa intensidad es vida. Los jóvenes deben convertirse personalmente; solo con la fuerza de una juventud convertida puede esta Iglesia alcanzar su elevado y glorioso destino36.

Por otro lado, los jóvenes deben admitir que hay muchas cosas que aceptamos sin criticar ni dudar: comemos fruta sin saber de botánica; admiramos las estrellas en nuestra ignorancia de la astronomía; enviamos telegramas sin conocimiento del código morse; el amor, la amistad, el hogar, los libros y la naturaleza llegan a ser preciados y de gran valor sin apenas esfuerzo por explicar las razones técnicas. No animemos a los jóvenes a segregar la religión como el único aspecto de la vida sobre el cual concentrar la indagación dubitativa: ayudémosles a entender que ellos aceptan algunas cosas sin mayor prueba que el hecho de que proporcionan gozo, esperanza, fe y valor; ¿no pueden aceptar la religión, hasta cierto punto, con la misma compostura?

Citando otra vez The Earth and Man, permítannos darnos cuenta que:

es natural que la mente joven e inmadura piense que lo que es nuevo para ella debe necesariamente de ser nueva para el mundo. Alumnos relativamente inexpertos están descubriendo de vez en cuando aparentes discrepancias entre la fe de sus padres y el desarrollo del pensamiento moderno, y ellos tienen la tendencia a magnificarlas y exagerarlas cuando, de hecho, sus bisabuelos encontraron las mismas supuestas dificultades y aun así sobrevivieron. No crean a aquellos que afirman que el evangelio de Jesucristo se opone en modo alguno al progreso o que no es compatible con los avances37.

Líderes de los jóvenes de la Asociación de Mejoramiento Mutuo, ¿qué podemos hacer? Es cierto que no podemos desestimar los problemas individuales de los jóvenes y las jovencitas simplemente porque sus bisabuelos tuvieron problemas similares; pero debemos tratar a cada joven que tiene preguntas como trataríamos a un investigador, y darle a cada uno la misma consideración con espíritu de oración. Puede que los caminos de los jóvenes no sean nuestros caminos; quizás su forma de hablar a nosotros nos parezca directa, extraña e irreverente; pero tal vez, para ellos, nosotros seamos extraños también. Deberíamos tratar a jóvenes y mayores como viajeros con destino a un puerto oriental. Los jóvenes viajan hacia el este, hacia el sol naciente; las personas de edad puede que vayan hacia el oeste, hacia las sombras del atardecer. Sin embargo, en su destino común se encontrarán, y se darán cuenta de que ambos siguieron recto el curso de su viaje; pero siempre habrá entre ambos la diferencia de su experiencia en el camino38. ¿No ha sido el poder acumulativo del mormonismo suficiente en un siglo como para crear un cemento que una todas las verdades y los deseos de verdad en un conjunto, una búsqueda unida en la que todos los miembros, sin importar su edad, puedan caminar juntos? ¿Existe un lugar, un lugar legítimo y reverente, donde indagar durante la edificación del testimonio? Nosotros respondemos, y debemos responder: sí; y decimos que la base de la duda y la indagación ha sido la genialidad de la Iglesia, el poder a través del cual los miembros se han abierto paso en ella.

Cuando le preguntaron a James E. Talmage cómo había adquirido él su testimonio, respondió: “Aunque parezca que nací con un testimonio, aun en los primeros años de mi adolescencia fui conducido a preguntarme si ese testimonio realmente era mío o lo había obtenido de mis padres. Comencé a investigar las afirmaciones de la Iglesia, buscando algo rebatible en ellas que me demostrara su falta de solidez. Después de meses de indagación… me convencí de su veracidad de una vez por todas, y este conocimiento es una parte tan plenamente integral de mí que, sin él, no sería yo mismo”39.

Otra conversión se describe como sigue:

Al principio tenía prejuicios en cuanto a las doctrinas pero, al continuar el élder con su prédica… esta produjo en la mente de Daniel Spencer un efecto extraordinario. Durante dos semanas cerró su establecimiento y se negó a hacer negocios con nadie; se encerró para estudiar y allí, a solas con su Dios, puso en la balanza de su mente clara y su concienzudo corazón el mensaje que había encontrado… Un día… exclamó estallando en un mar de lágrimas: “Es la verdad, y si soy honesto la debo aceptar, pero me costará todo lo que tengo sobre la tierra”. Se dio cuenta de que, a los ojos de sus amigos y vecinos, debía caer del pedestal social en el que se encontraba al de las personas despreciadas, pero bajó como un hombre40.

Estas experiencias, que han sido las de muchas personas que han nacido en la Iglesia y fuera de ella, explican la maravilla que es el poder del Evangelio. Con un cuerpo de miembros constituido en gran parte por quienes se han unido a la Iglesia después de una minuciosa investigación, que se han cuestionado las creencias de sus padres, no podemos decir de manera coherente que los jóvenes no tienen derecho a cuestionar la religión como cualquier otra preocupación del ser humano y evaluarla en términos de valor individual.

Ojalá pudiera recibir inspiración para sugerirles a ustedes, líderes, medios poderosos para llegar a todos los jóvenes de la Iglesia y retenerlos. Me despediré con lo que espero que sea un pensamiento útil, y es este:

Escuchen lo que ellos tienen que decir; abran el corazón y la mente a sus problemas. Nunca les pidan silencio, sino inspírenlos a expresar en alta voz las preguntas más íntimas de sus almas. Al escucharlos, olviden sus propias convicciones; recuérdenlas solamente cuando vayan a responder.

Una mujer ha dicho: “La veloz reorganización social de esta época ha hecho necesaria la flexibilidad, y solo aquellos que están alerta y son enérgicos, los que tienen curiosidad en cuanto a la vida, suficientemente flexibles para asimilar las nuevas formas de pensar y de vivir, pueden ajustarse a circunstancias diferentes y hacer frente al futuro sin temor”41.

Tanto jóvenes como mayores pueden aceptar los arraigados principios del Evangelio, los fundamentos, y así lo hacen y lo harán. Como Iglesia, repito, aceptamos la divinidad de Cristo, la restauración por medio de José Smith y la autoridad de Dios que poseen aquellos que hoy en día han sido comisionados para hablar en Su nombre. Esta es el ancla a la que debemos sujetarnos, y así lo hacemos42. Anclados con seguridad de este modo podemos investigar toda nueva teoría, toda nueva creencia, todo nuevo pensamiento, y aceptar lo que es de valor para nosotros. Como líderes, ¿qué podemos hacer?, pregunto de nuevo; y de nuevo respondo: Escuchar a los jóvenes y aprender de ellos, hablar a los jóvenes y enseñarles. No pierdan ninguna oportunidad de prender con el fuego de sus creencias el detonador que encenderá en ellos la chispa del testimonio, esa fuerza eléctrica que producirá en ellos la energía para trabajar para la Iglesia, calor al abrigo del Evangelio, luz para iluminar su camino hacia el cumplimiento de esa concepción más elevada de inteligencia como la gloria de Dios. Que Dios nos conceda la recompensa de ver que la crisis de la religión de nuestros días se vuelve hacia las grandes y gloriosas posibilidades que están inseparablemente unidas en estos últimos días a nuestra grande y gloriosa Iglesia, ¡la Iglesia de Jesucristo!43.