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Capítulo adicional 3

Hermanas en verdad

Sociedad de Socorro de Lehi

Sala superior del almacén cooperativo, Lehi, Territorio de Utah

18 de noviembre de 1871


En su discurso del 18 de noviembre de 1871 a las hermanas de la Sociedad de Socorro, Rebecca E. Smith Standring (1828–1913) amplió la definición de familia para abarcar a todos aquellos que la rodeaban, incluso sus hermanas de la Sociedad de Socorro. Ella se había dirigido a las maestras visitantes de la Sociedad de Socorro de Lehi el 22 de octubre de 1871 para hablarles de su papel como madres para las mujeres a quienes se les había asignado visitar. Les alentó a “cuidar de su bienestar, sentir su espíritu y enseñarles los principios de salvación, además de aliviar las necesidades del pobre. De este modo se convierten en salvadoras; salvan almas”1. El valor de la familia era un tema constante en sus discursos, incluso en las breves palabras que dirigió a toda la Sociedad de Socorro de Lehi un mes después de que hablara a las maestras (reproducido a continuación).

La hermana Standring nació en Northampton, Inglaterra, en una familia de once hijos. Allí se unió a la Iglesia en febrero de 1851, a los veintitrés años de edad, y junto a dos hermanas emigró a los Estados Unidos en 1855. Primero vivió en Nueva York y luego en Dayton, Ohio, antes de trasladarse al Valle del Lago Salado, en septiembre de 1857, e instalarse cincuenta millas al sur, en Springville. Mientras visitaba a una hermana en Lehi en 1859, conoció y más tarde se casó con Edwin Standring, que también era de Inglaterra. Después de la muerte de este, ella adoptó y crio a dos hijos: Alice Bahr Royle y John Edwin Standring2.

La hermana Standring era muy activa en la comunidad y en la Iglesia3. Durante los primeros años de la década de 1860, participó en la agrupación teatral local, y era activa en el coro de Lehi. Cuando se organizó la Escuela Dominical en Lehi, en 1866, ella fue la primera maestra, y sirvió durante treinta años. La Sociedad de Socorro de Lehi se organizó en octubre de 1868, con la hermana Standring como secretaria4. Once años después fue nombrada presidenta de la Sociedad de Socorro de Lehi, un puesto que ocupó durante veintidós años. Cuando se organizó la Sociedad de Socorro de la Estaca Alpine, en 1901, ella fue llamada presidenta y sirvió durante doce años. También sirvió en la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro entre 1896 y 19025. La hermana Standring ayudaba con la Asociación de la Primaria de la Estaca Utah y servía como obrera de ordenanzas en los templos de St. George, Manti y Salt Lake6.

Trabajó con esmero para contribuir al espíritu de unidad en su Sociedad de Socorro. En la reunión del 18 de noviembre de 1871, la presidenta de la Sociedad de Socorro, Sarah C. Evans, le pidió a la hermana Standring que leyera un capítulo de Key to the Science of Theology [La clave de la ciencia de la Teología], de Parley P. Pratt7. Después de leer, Martha P. Thomas, consejera de la presidencia, expresó su incapacidad para explicar más a fondo las palabras del élder Pratt. La hermana Standring respondió alentando a las hermanas a llenarse de amor, bondad y paciencia mutua, soportando las debilidades las unas de las otras. Inspiradas por las palabras de la hermana Standring, otras mujeres dieron testimonio “de su determinación, con la ayuda de Dios, de mantenerse fieles a Su causa, poniendo toda su confianza en Él, sabiendo que todos los demás podrían fallar. Él nunca fallará, sino que desnudará Su brazo para librarnos de nuestros enemigos y poner Su sello sobre Sus fieles, para que no se pierdan”. La presidenta Evans concluyó la reunión diciendo que estaba complacida “de ver a tantas de mis hermanas aquí. Me encanta escucharlas hablar. Sé que es correcto que mejoremos el talento que Dios ha dado”8.

Mis hermanas, deseo echar mis dos blancas junto con las suyas9. Me siento agradecida por ser miembro de esta institución, y siempre me complace reunirme con mis hermanas, porque entiendo que somos hermanas en verdad, hijas del mismo Padre Celestial y sin embargo, a veces, cuán extrañas parecemos ser las unas de las otras10.

Cuán diferente será el sentimiento si alguna vez se nos permite regresar a la presencia de nuestro Padre Eterno. Entonces nos saludaremos las unas a las otras con sonrisas de amor, y todo sentimiento contrario al amor y a la bondad se apartará de nosotras.

Así pues, comencemos a cultivar más y más el espíritu de amor, de bondad y de paciencia las unas con las otras. Sean pacientes con las debilidades de las demás, recordando que todas somos miembros de la misma gran familia; que Dios nos bendiga con Su Santo Espíritu para hacerlo, lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.