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Capítulo adicional 5

Hay una diferencia

Conferencia General de la Sociedad de Socorro

Tabernáculo, Manzana del Templo, Salt Lake City, Utah

3 de abril de 1937


Kate Olive Montgomery Barker (1881–1972) se unió a la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro en 1929, el mismo año del descalabro bursátil que precipitó la Gran Depresión1. En 1935, la presidenta Louise Y. Robison nombró a la hermana Barker como su segunda consejera, la “consejera de educación”, una asignación en la que supervisaba la elaboración de los cursos de estudio2. Cada mes, las hermanas de la Sociedad de Socorro se reunían para recibir clases sobre temas de teología, literatura y servicio social. En la cuarta semana tenían una reunión de “trabajo y empresa”. Las líderes de la Sociedad de Socorro se tomaban estos cursos muy en serio. Su manual especificaba que “la administración de caridad” no debía consumir su tiempo hasta el punto de impedirles desarrollar su fe y avanzar en su conocimiento literario, social y doméstico3.

La propia formación académica de la hermana Barker influyó en su trabajo en la elaboración de los cursos de estudio. Después de graduarse como estudiante destacada en la Escuela Secundaria Ogden, fue maestra durante tres años en Logan, Utah, hasta que se casó con James L. Barker en 19064. De ahí en adelante continuó con sus estudios como pudo mientras James avanzaba en su carrera en idiomas europeos (presidiría el Departamento de Idiomas modernos tanto en la Universidad Brigham Young como en la Universidad de Utah)5. Cuando James asistía a la Universidad de Neuchâtel, en Suiza, Kate iba a clases de Literatura inglesa6; cuando él estudió en la Sorbona, en París, ella tomó clases allí7. Después de regresar a Utah, ella participó en diversas asociaciones educativas, como la Sociedad de Autores y la Asociación Literaria de Damas8.

Además de supervisar los cursos de estudio de la Sociedad de Socorro, la hermana Barker trabajó como presidenta del Comité de Mormon Handicraft [la tienda de artesanía mormona], fundada por la Mesa Directiva General en 19379. Bajo la supervisión de la hermana Barker, Mormon Handicraft se convirtió en una tienda de artículos artesanales en consigna para ayudar a las hermanas a complementar sus ingresos familiares durante la Gran Depresión. La Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro esperaba que la organización fomentara la industria en el hogar, “preservara las destrezas de nuestras antepasadas pioneras, las artes y los oficios de los diversos países de los que muchas de las hermanas de la Sociedad de Socorro habían emigrado y… aumentara su aprecio por la artesanía de buena calidad”10. Los miembros de la Iglesia enviaban artículos hechos a mano a la tienda de artesanía mormona de Salt Lake, que vendía colchas, cubrecamas, manteles, delantales, muñecas y ropita de bebé11. Este esfuerzo era en cierto modo un reflejo de la labor que llevaba a cabo el Works Progress Administration (WPA, por sus siglas en inglés) de proveer medios para que las mujeres ganasen dinero durante épocas de dificultades económicas12. Aunque históricamente las mujeres a menudo cosían para ganar dinero, el WPA fue el primer programa gubernamental de los Estados Unidos que pagó a las mujeres por coser, y ellas hacían ropa, sábanas, cobijas, almohadas y uniformes13.

Durante más de dos años y medio, la hermana Barker escribió también el Boletín, una comunicación mensual de la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro a todas las misiones de la Iglesia. El Boletín describía conferencias e ideales, y contenía instrucciones bajo epígrafes tales como “¿Cuál es el propósito de nuestras lecciones de la Sociedad de Socorro?” o “Cualidades de liderazgo”14. La hermana Barker servía también en comités de la Iglesia que supervisaban el programa de bienestar, Deseret Clothing y un programa de prevención del alcoholismo15. Ella había servido en la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro durante ocho años cuando dio el siguiente discurso en una conferencia de la Sociedad de Socorro en el Tabernáculo de Salt Lake, el 3 de abril de 1937, sobre la oración, la fe y la obediencia.

Todas valoramos la vida y la oportunidad. Estamos agradecidas por haber nacido en esta maravillosa época. Pero grandes bendiciones y oportunidades significan gran responsabilidad. Nuestro Padre Celestial cuida de la tierra y tiene un plan glorioso para establecer el reino de Dios sobre ella. Él también tiene un plan general para cada uno de Sus hijos, y depende de cada una de nosotras para que ayudemos a impulsar el plan del Evangelio. Si valoramos esto, no podemos menos que poner nuestro mejor esfuerzo en esta obra. ¿Pueden nuestras normas ser demasiado elevadas? Jesús dijo: “El que no está conmigo, contra mí está”16. Creo que quería decir activamente con Él y que, en tanto en cuanto seamos pasivas y pensemos de manera superficial, en tanto en cuanto dejemos de poner nuestro mejor empeño y nuestro tiempo en nuestros pensamientos y hechos, de modo que pensemos y actuemos de manea recta y franca, en tanto en cuanto dejemos de poner el corazón y el alma en esta obra, hasta ese punto estamos contra Él.

Solo podemos estar seguras de que estamos solucionando nuestros problemas de la manera correcta si tenemos la ayuda de nuestro Padre en los cielos. Él ha dicho: “Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis”17. Pero “[hay] una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan”18.

Se nos han dado leyes muy precisas que rigen la oración. Debemos preguntar con fe. La fe no llega sin esfuerzo, esperando el momento de necesidad para decir: “Tendré fe”. La fe viene por medio de la obediencia. Nuestras oraciones deben ser sinceras. Son sinceras cuando ponemos nuestros mejores esfuerzos y entonces pedimos con humildad guía o confirmación. Cuando Oliver Cowdery deseó traducir una parte del Libro de Mormón, no recibió la inspiración necesaria y el Señor le dijo: “He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme”19. Hay una diferencia entre pedir a nuestro Padre Celestial que bendiga a los pobres y pedir que nosotras podamos ver las necesidades y ayudar a llevar la bendición.

Oremos por nuestros líderes de la Iglesia, pero ofrezcamos también a nuestro Padre Celestial la seguridad de que, si Él inspira a nuestros líderes, nosotras pondremos nuestro mejor esfuerzo para seguir su guía.

El Señor también ha dicho: “Orad… en vuestras familias”20. La oración familiar ayudará mucho a mantener a la familia unida. Orar juntos tiene un efecto en las personas. Pero hay una diferencia entre orar y hacer oraciones. Las oraciones familiares nunca se deben convertir en una rutina. Mostremos a nuestros hijos lo que la oración significa para nosotras. Cuando Jesús estaba con Sus discípulos, recibía tanta ayuda y tanto consuelo de la oración que ellos dijeron: “Señor, enséñanos a orar”21.

Que nuestras oraciones nos hagan tener una nueva perspectiva y una nueva empatía para que no decepcionemos a nuestro Padre Celestial en las tareas que Él nos ha pedido que llevemos a cabo.