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Las mujeres Santos de los Últimos Días en el cambiante mundo actual

Véase speeches.byu.edu para escuchar una grabación del discurso original. (Por cortesía de BYU Speeches).

Devocional de la Universidad Brigham Young

Centro Marriott, Universidad Brigham Young, Provo, Utah

11 de febrero de 1975


Belle S. Spafford, Marianne C. Sharp y Louise W. Madsen con la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro

Belle S. Spafford, Marianne C. Sharp y Louise W. Madsen con la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro. 1962. Con las hermanas de la presidencia a la cabecera de la mesa (de izquierda a derecha las hermanas Madsen, Spafford y Sharp), la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro posa en un Edificio de la Sociedad de Socorro de seis años de antigüedad. Las hermanas de la Mesa Directiva capacitaban a las unidades de la Sociedad de Socorro por todo el mundo, supervisaban la producción de ropa del templo, publicaban la Relief Society Magazine y diseñaban los cursos de estudio de la Sociedad de Socorro. Fotografía por J. M. Heslop. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Belle Smith Spafford (1895–1982) era la séptima de sus hermanos, y nació ocho meses después de la muerte de su padre. La madre de la hermana Spafford, Hester Sims Smith, tenía varias frases favoritas que Spafford y sus hermanos recordarían y usarían más adelante, como “acepta a las personas como tú las ves, y no como los demás dicen que son” o “ninguna inversión es más rentable que la bondad”. La madre de la hermana Spafford influyó en ella para que finalizara el programa de capacitación para maestros en la Universidad de Utah, y luego tomara cursos en la Universidad Brigham Young (BYU) antes de enseñar allí en el Departamento de Educación1.

Cuando la hermana Spafford recibía una nueva responsabilidad, su reacción habitual era tomar cursos: en trabajo social cuando deseaba ayudar mejor a sus alumnos, en redacción y gramática cuando llegó a ser editora de la Relief Society Magazine, y en historia de la Iglesia cuando presidió un comité de la Sociedad de Socorro sobre ese tema2. La hermana Spafford se unió a la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro y editó por primera vez la Relief Society Magazine en 19353. Amy Brown Lyman pidió a las hermanas Spafford y Marianne C. Sharp que recopilaran una historia de los primeros cien años de la Sociedad de Socorro para conmemorar el inminente centenario, y luego hizo que la hermana Spafford fuera su segunda consejera en 19424. A raíz de su trabajo en el proyecto del centenario, la hermana Spafford hizo referencia a menudo a la historia de la Sociedad de Socorro, tal como en el discurso que se reproduce aquí.

Durante su tiempo como Presidenta General de la Sociedad de Socorro, entre 1945 y 1974, ella orquestó acontecimientos históricos como la construcción del Edificio de la Sociedad de Socorro en el centro de Salt Lake City, la traducción de la Relief Society Magazine al español y el enorme crecimiento del número de miembros. El número de hermanas de la Sociedad de Socorro pasó de cien mil a novecientos mil durante el tiempo en que la hermana Spafford fue presidenta, con miembros en sesenta y cinco países5. En esa época, la Sociedad de Socorro se hizo responsable también de las mujeres solteras de la Iglesia6. Al igual que su predecesora, Amy Brown Lyman, la hermana Spafford dedicó la atención de la Sociedad de Socorro al trabajo social, que en aquel momento incluía los servicios de adopción, la atención a las madres solteras, los cuidados en las casas de acogida y las terapias de familia7. Por esta labor recibió títulos honoríficos de la Universidad Brigham Young y de la Universidad de Utah8.

Tras afirmar ser mormona la primera vez que asistió a un Consejo Nacional de Mujeres (NCW, por sus siglas en inglés), la hermana Spafford no se sintió bienvenida. En consecuencia, cuando llegó a ser Presidenta General de la Sociedad de Socorro tuvo deseos de suspender la participación de la Sociedad de Socorro en ese Consejo. Sin embargo, cuando se reunió con el Presidente de la Iglesia, George Albert Smith, para comunicarle esos planes, la respuesta del presidente Smith la hizo replantearse sus intenciones. Él respondió: “Creo que las mujeres mormonas tienen algo que ofrecer a las mujeres del mundo, y también pueden aprender de ellas… Vuelvan y hagan sentir su influencia”9. La hermana Spafford tomó con seriedad su consejo, y en el momento de pronunciar este discurso seguía involucrada en el Consejo. Estuvo cincuenta y dos años afiliada al NCW, llegando con el tiempo a prestar servicio como presidenta del Consejo Internacional de Mujeres, segunda vicepresidenta del NCW, miembro del comité ejecutivo y presidenta10. El hecho de trabajar con el Consejo la mantuvo al corriente de la legislación vigente y de los movimientos relacionados con el bienestar de las mujeres; eso, a su vez, la llevó a sopesar con prudencia los diversos objetivos de lo que mejor fomentaría el progreso de las mujeres. En 1975 dijo: “En este preciso instante he llegado a saber lo que [las mujeres estadounidenses] piensan sobre el control de la natalidad, lo que piensan del aborto, lo que piensan de la Enmienda de Igualdad de Derechos, lo que piensan del voluntariado de las mujeres y lo que piensan de las mujeres en la política”11.

La hermana Spafford acababa de cumplir treinta y nueve años de servicio en la Sociedad de Socorro a nivel general cuando pronunció el siguiente discurso sobre las mujeres y la sociedad ante los alumnos de BYU12. En aquella época se debatía activamente la propuesta de Enmienda de Igualdad de Derechos en la Constitución de los Estados Unidos, y tanto la hermana Spafford como su sucesora en la Sociedad de Socorro, Barbara B. Smith, habían manifestado su oposición a dicha enmienda13. La hermana Spafford consideraba que las desigualdades, tales como la diferencia de remuneración por el mismo trabajo, las leyes discriminatorias de crédito y la negación de los derechos patrimoniales, se resolverían mejor a través de los canales legislativos establecidos. Al mismo tiempo afirmó: “Las mujeres se deben a sí mismas el desarrollar su pleno potencial como mujeres: ejercitar sus habilidades intelectuales, perfeccionar sus talentos y adquirir más destrezas, a fin de poder ofrecer al mundo lo mejor que tienen”. Expresó su preocupación por las “nuevas filosofías” que sentía que amenazaban el matrimonio y la vida familiar14.

Siempre es un gran placer y una experiencia fortalecedora para mí hablar frente a un grupo de alumnos de la Universidad Brigham Young. Disfruté mucho del coro esta mañana, y también agradezco que se refirieran a mí como una mujer joven15. El otro día me llamaron del Consejo Nacional de Mujeres y me preguntaron si aceptaría un nombramiento como delegada en una reunión internacional en París. Pensé: “Antes de aceptar, debería comunicárselo a uno de los miembros de la Primera Presidencia”. De modo que llamé al presidente Tanner y dije: “Me han invitado a prestar servicio como delegada, y creo que no debería aceptar por esto, por esto y por esto”16. Tenía muchas y muy buenas razones, pensé.

Él me escuchó con atención y luego me dijo: “¿Sabes?, creo que debes aprovechar tus oportunidades mientras todavía eres joven”.

Esta mañana me siento particularmente honrada por haber sido invitada por el presidente del comité de programa de la Semana de la Mujer para hablar en este devocional. Dado que es la Semana de la Mujer, me parece adecuado referirme principalmente al papel de la mujer Santo de los Últimos Días en el cambiante mundo actual17. Soy consciente de que este grupo está compuesto por hombres y por mujeres. En la estructura que gobierna la Iglesia, los hombres juegan un papel importante en lo que a las actividades de las mujeres se refiere, en tanto en cuanto estas se relacionan con la labor de la Iglesia. En las primeras reuniones de la Sociedad de Socorro en Nauvoo, el profeta José Smith definió claramente esa relación. En la primera reunión, una presidencia compuesta por tres mujeres —una presidenta, una primera consejera y una segunda consejera— fue llamada a presidir la organización. Más tarde en aquella reunión, el profeta José dijo: “Sirva esta presidencia como una constitución: que todas sus decisiones se consideren ley y se obedezcan como tal. Si deseamos que las oficiales lleven a cabo el designio de la institución, sean ellas nombradas y apartadas… Las actas de sus reuniones serán el precedente sobre el cual actúen: su constitución y su ley”18. No obstante, en la tercera reunión de la sociedad el Profeta dio esta directiva perdurable: “Recibirán instrucciones mediante el orden del sacerdocio que Dios ha establecido, por mediación de quienes han sido nombrados para conducir, guiar y dirigir los asuntos de la Iglesia en esta última dispensación”19.

A causa de estos mandatos, parece imperativo que no solo las mujeres, sino también los hermanos del sacerdocio, sean conocedores del papel que representa la mujer. Los hermanos desearán estar al tanto de los problemas que afrontan las mujeres, para que mediante el entendimiento de estos y de los deberes y las responsabilidades de las hermanas, ellos estén en posición de dar consejo y dirección en armonía con el designio del Señor. El progreso de la obra de la Iglesia es una responsabilidad conjunta de los hombres y las mujeres de la Iglesia, cada uno trabajando en la esfera que se le ha asignado. Cuanto más profunda sea la comprensión que cada uno tenga del papel del otro, mayor habrá de ser el éxito total de la obra de la Iglesia. La comprensión se edifica principalmente sobre el conocimiento. Por tanto no me parece inapropiado hablar sobre el papel de la mujer en el cambiante mundo actual a este grupo compuesto tanto por hombres como por mujeres.

Logros de las mujeres de la nación

Con la llegada de este nuevo año, 1975, nuestra nación se vio inmersa en circunstancias inusuales y complejas, y todavía lo está. Me resultó interesante una transmisión radiofónica en la que destacadas emisoras de noticias analizaban los que consideraban que habían sido los acontecimientos más significativos del año 1974 en lo que atañe al país. Sus conclusiones, según recuerdo, fueron las siguientes: “la inflación y la recesión, la crisis energética, la dimisión del presidente de los Estados Unidos, los juicios por el caso Watergate, el indulto al presidente, la creciente riqueza y poder de los países productores de petróleo y la escasez de alimentos en el mundo”20.

En mi opinión, las emisoras pasaron por alto un acontecimiento más significativo, quizás, por su transcendental impacto en el hogar, la comunidad y la vida de la nación, que cualquiera de los mencionados. Me refiero al progreso que han logrado las mujeres en sus esfuerzos hacia la emancipación desde lo que consideraban restricciones existentes que impedían su pleno desarrollo y utilidad. Las mujeres han trabajado activamente por alcanzar objetivos específicos en estos cuatro años, pero 1974 fue diferente. Fue un año en que se redoblaron los esfuerzos en un amplio espectro de diversas áreas, y los logros fueron notables. Como ejemplo de esos logros, cito los acontecidos en el campo de la vida política. Un número récord de mujeres experimentadas, capacitadas y dedicadas se presentaron como candidatas a cargos públicos, y muchas ganaron. La Comisión Política Nacional de Mujeres arrojó los siguientes datos: dieciocho mujeres fueron elegidas al Congreso como representantes, un número sin precedentes; quinientas noventa y nueve mujeres fueron elegidas a legislaturas estatales; una mujer fue elegida gobernadora de uno de nuestros estados soberanos; otra mujer fue elegida como senadora de estado. “Por todo el país”, declara la Comisión de Mujeres, “fue un año emblemático para las mujeres”21.

En algunas regiones, no obstante, se alcanzaron logros que, en opinión de algunas personas, plantean preguntas que afectan a la vida de la nación. Si bien nos regocijamos en la enmienda de las injusticias, no debemos perder de vista la necesidad de evaluar con mesura las medidas que producen el cambio en la condición de las mujeres: el cambio que rompe con los tradicionales modelos de vida que han superado la prueba del tiempo y que han probado ser buenos y han contribuido a la felicidad y al bienestar de las familias y de las naciones. No debemos perder de vista la naturaleza esencial de las mujeres y sus funciones divinamente ordenadas en la vida. James Kilpatrick, un prominente columnista, ha señalado que “recurrimos a la ética judeocristiana”. Él afirma que vivimos conforme a un conjunto de normas o leyes tomadas de generaciones del pasado, y que estas que no pueden tratarse como si no existieran. A la gente le importan estas cosas porque han descubierto que son buenas y brindan un sentimiento de satisfacción22.

Las tendencias actuales en relación con los valores tradicionales

Algunos puntos de vista y tendencias presentes son motivo de preocupación porque parecen ir en contra de los valores tradicionales. La mujer Santo de los Últimos Días se halla en una posición ideal para evaluar los cambios en la condición de las mujeres, y para valorar inteligente y apropiadamente esas tendencias y puntos de vista, porque ella tiene a su alcance unas varas de medir que no fallan. Esas calculadoras infalibles, por así decirlo, son guías divinamente inspiradas en las verdades que se han revelado, cual aparecen en las Escrituras y en las palabras de nuestros profetas modernos. Aun así, algunas de nosotras no hacemos uso de estas certeras varas de medir porque no estamos lo suficientemente familiarizadas con ellas. No las conocemos. Puede que no hayamos aprovechado las oportunidades de aprenderlas, de entender todo su significado y de aplicarlas en nuestra vida a nivel individual y colectivo. O puede que seamos como Saúl, el hijo de Cis, que amaba al Señor y deseaba hacer Su voluntad, pero le faltaba el valor para ir en contra de la opinión popular.

En la Biblia leemos: “Y había un hombre de Benjamín… el cual se llamaba Cis… Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y apuesto; entre los hijos de Israel no había otro más apuesto que él; de hombros arriba era más alto que cualquiera del pueblo. Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl”23. Saúl fue enviado a encontrar los animales, pero no pudo. Él y su siervo fueron entonces a preguntar a Dios por medio de Samuel, siervo de Dios, que era profeta. (En aquella época era llamado vidente, según el relato de las Escrituras). Samuel había sido apercibido de la llegada de Saúl, y el Señor le había revelado que era Su voluntad que Saúl reinase como príncipe sobre Su pueblo. Samuel le mostró a Saúl las obras de Dios. Luego tomó un frasco de aceite y ungió a Saúl para que fuese príncipe sobre Su heredad. Entonces le dio consejo en cuanto a la voluntad del Señor y lo que había de hacer24.

No obstante, esto no agradó al pueblo. Deseaban un rey, y Saúl cedió a la voluntad de ellos. Entonces Samuel, al conocer la decisión de Saúl, fue a Saúl, de la tribu de Benjamín, y dijo:

Neciamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre.

Pero ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un hombre según su corazón, a quien Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo25.

Y Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos26.

Hoy en día, muchos de nosotros tememos la voz del pueblo. Al aconsejar en cuanto a la conveniencia de un gobierno representativo, el rey Mosíah pronunció estas importantes palabras: “… es común que la parte menor del pueblo desee lo que no es justo”27. Ahora, habiendo sido advertidos por un gran profeta del Libro de Mormón, los Santos de los Últimos Días harían bien en ser particularmente cuidadosos a la hora de considerar las voces de los del pueblo a la luz de las enseñanzas de nuestros profetas modernos. Aun cuando las voces sean pocas, suelen ser ruidosas y convincentes.

Al poseer la verdad revelada y las palabras de los profetas en lo que se refiere a la responsabilidad de la mujer Santo de los Últimos Días y a su papel en la vida, tenemos el inquebrantable deber de sostener esas enseñanzas en nuestras palabras y acciones, y de dirigir nuestras vidas en armonía con ellas. Pero yo pregunto: “¿Tenemos alguna responsabilidad más? ¿Tenemos la responsabilidad de compartir estas enseñanzas con aquellos que tal vez no tengan la luz de la verdad?”. En Mateo se nos aclara nuestro deber en cuanto a este asunto. Leemos: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una vela y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”28.

La profecía de la Sociedad de Socorro cumplida

Recuerdo un discurso que dio el presidente George Albert Smith a las mujeres de la Sociedad de Socorro en la Conferencia General de octubre de 1945. Aquella fue la primera conferencia en la que tomó la palabra como Presidente de la Iglesia, y la primera conferencia que yo dirigía como Presidenta de la Sociedad de Socorro29. Durante varios años se nos habían negado las conferencias debido a las restricciones de la guerra30. Con espíritus deseosos y receptivos, las mujeres se reunieron en aquella conferencia de la Sociedad de Socorro para escuchar el mensaje de su nuevo Profeta y Presidente. El Espíritu del Señor descansó con poder sobre el presidente Smith, y el espíritu de profecía prevaleció mientras hablaba del futuro de las mujeres de la Iglesia. Él aclaró en gran manera las responsabilidades que teníamos para con todas las mujeres del mundo. En este momento vale la pena leer un extracto de su discurso. El presidente Smith dijo:

Siento que estoy en terreno sagrado, ya que en este púlpito han comparecido algunos de los grandes hombres y las grandes mujeres del mundo, quienes estaban deseosos por hacer lo que el Señor les pidiera. Aquí dieron testimonio de la divina misión de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Ustedes son más bendecidas que ninguna otra mujer en el mundo. Fueron las primeras mujeres que tuvieron esta concesión31; las primeras mujeres que tienen voz en la obra de una iglesia. Fue Dios quien se la dio, y lo hizo como resultado de la revelación a un profeta del Señor. Desde entonces, piensen en los beneficios que han disfrutado las mujeres de este mundo. No solo ustedes que pertenecen a la Iglesia han disfrutado de las bendiciones de la igualdad sino que, cuando el profeta José Smith dio vuelta a la llave para la emancipación de la mujer, lo hizo para todas las mujeres del mundo, y el número de mujeres que pueden disfrutar de las bendiciones de libertad religiosa y civil ha ido en aumento de generación en generación32.

¿Se dan cuenta de que ustedes han abierto este tabernáculo para la primera conferencia general que hemos tenido en años?33… Ahora el cielo es el límite, y no me extrañaría que, cuando hayamos celebrado aquí dos o tres conferencias generales más, tuviéramos visitantes de Australia, Nueva Zelanda, África, China, Japón, y de cualquier otro lugar. Ellas saldrán de sus tierras en aviones, y en unas veinticuatro horas estarán aquí mismo. Es maravilloso lo que el Señor nos ha dado en esta era34.

Las palabras de aquel gran Presidente me conmovieron profundamente, y después de la sesión le agradecí y expresé los sentimientos de mi corazón. Inquirí: “¿Sucederán algunas de estas cosas durante mi administración?”, y luego pregunté: “Cuándo y cómo llevaremos nuestro mensaje a las mujeres del mundo?”. Aunque su respuesta no está registrada en las actas de la conferencia, sí lo está en un pequeño cuaderno en el que he tomado notas de las diversas conferencias generales, y también está grabada en mi mente y en mi corazón35.

El Profeta respondió: “Es fácil que suceda durante su administración. El mensaje de las mujeres mormonas llegará a las mujeres del mundo cuando haya una necesidad especial del mismo. No debe preocuparse en cuanto al cómo”, dijo. “El Señor se ocupará de eso”.

Como muestra del cumplimiento de la profecía, unos pocos años después del discurso del presidente Smith mis consejeras y yo observamos un número bastante elevado de mujeres que asistían a nuestra conferencia procedentes de países extranjeros y de lenguas extrañas. Decidimos llevar a cabo una reunión especial para ellas después de las sesiones ordinarias de nuestra conferencia de dos días. Esa mañana hicimos una lista de asistencia oral. Cada hermana debía decir su nombre, el país del que procedía y el medio de transporte en el que había llegado. La mayoría de ellas había llegado en avión. Cada país que el presidente Smith había mencionado en su discurso de 1945 estaba representado, excepto China. Observé que había una mujer de Taiwán. Hablé sobre esto y añadí que teníamos a una hermana de Taiwán, aunque no teníamos ninguna de China. Entonces la hermana de Taiwán se puso de pie con discreción y, en un perfecto inglés, dijo: “China es el país donde nací”. La profecía se había cumplido36.

La importancia de la Sociedad de Socorro en la actualidad

Hoy en día, el mensaje de las mujeres mormonas se lleva al mundo de muchas maneras: a través del extraordinario programa misional de la Iglesia, por medio de la afiliación de la Sociedad de Socorro a los Consejos Nacional e Internacional de Mujeres, a través de la radio, la televisión, la prensa y otros medios de comunicación37. Les aseguro que las mujeres del mundo en la actualidad necesitan el mensaje de las mujeres mormonas. Incontables mujeres están atribuladas en cuanto al rumbo que deben seguir. Muchas están confundidas por las nuevas filosofías y perspectivas. La Sociedad de Socorro ocupa una posición de respeto e influencia entre las organizaciones de mujeres del mundo. Aunque puede que no siempre estén de acuerdo con nuestra postura en asuntos que para nosotras son importantes, normalmente se nos dan amplias oportunidades de expresarnos, y nuestra influencia se deja sentir. A menudo nuestra posición prevalece.

Los nombres de más de novecientas mil mujeres están actualmente en los listados de la Sociedad de Socorro. Incluyen mujeres jóvenes, muchas de ellas universitarias. También hay mujeres de mediana edad y aquellas que son experimentadas y han envejecido dedicadas a la obra. Es nuestro deber como mujeres mormonas, independientemente de nuestra edad o circunstancias, permanecer unidas y firmes en nuestro apoyo a las enseñanzas de la Iglesia. No fue por coincidencia o capricho que la Sociedad de Socorro se estableciera en este campus y en otros campus universitarios38, ni fue por coincidencia que el presidente Harold B. Lee trajera a las jóvenes adultas y a las mujeres de miras especiales al abrigo de la Sociedad de Socorro39. Fue la voluntad del Señor. Fue en cumplimiento de la profecía de un Profeta y Presidente anterior, Joseph F. Smith. Estas son las palabras proféticas registradas en su libro Doctrina del Evangelio:

Hablaré de la Sociedad de Socorro como una de las grandes organizaciones en la Iglesia, organizada por el profeta José Smith, organización cuyo deber consiste en velar por los intereses de todas las mujeres de Sion, así como de todas las mujeres que llegaren a estar bajo su supervisión y cuidado, sin tomar en cuenta religión, color o condición. Espero ver el día en que esta organización sea una de las más perfectas, una de las más eficaces para hacer bien en la Iglesia; pero ese día llegará cuando tengamos mujeres que no solo se sientan llenas del espíritu del evangelio de Jesucristo y con el testimonio de Cristo en su corazón, sino que también tengan la juventud, el vigor, y la inteligencia que les permita desempeñar los grandes deberes y responsabilidades que sobre ellas descansen… [Queremos] que las mujeres jóvenes, mujeres inteligentes, mujeres de fe, valor y pureza se unan a las sociedades de socorro en las varias estacas y barrios de Sion. Queremos que emprendan esta obra con vigor, con inteligencia y unidamente para la edificación de Sion y la instrucción de las mujeres en cuanto a sus deberes: deberes domésticos, deberes públicos y todo deber que sobre ellas descanse40.

Las jóvenes Santos de los Últimos Días elegidas aumentan la fortaleza de la Sociedad de Socorro hoy en día porque se las necesita. Estos tiempos requieren su capacitación, sus habilidades de liderazgo, sus testimonios, unidos a la fuerza de las hermanas más experimentadas en la obra. Las mujeres Santos de los Últimos Días se preocupan por la solidaridad del hogar y el bienestar eterno de la familia. Ellas saben que los buenos hogares son la piedra angular de una buena sociedad y de ciudadanos felices. Cualquier cambio que afecte negativamente al hogar y a la familia es deplorable. El difunto élder Stephen L. Richards se refería con frecuencia a la doctrina de los Santos de los Últimos Días sobre la eternidad de la unidad familiar como “la más sublime de todas las doctrinas teológicas”41.

El Evangelio enseña a las mujeres cómo comportarse para con sus maridos, y enseña a los hombres a estimar a la mujer y a honrar y respetar a sus esposas. La Iglesia no se opone a que la mujer, si así lo desea, acceda al mercado laboral y preste servicio en la comunidad, ya sea de manera remunerada o voluntaria, cuando su hogar y sus circunstancias familiares se lo permitan y ello no suponga un perjuicio para ellas. Se alienta a las mujeres a desarrollar todo su potencial como mujeres, y la Iglesia ofrece abundantes oportunidades para que lo hagan. El servicio caritativo bien orientado, que es conforme a la naturaleza de la mujer, no es sino la ley de la hermandad en acción. Es doctrina de los Santos de los Últimos Días. Estas son algunas de las varas de medir con que las jóvenes que se encuentran aquí hoy pueden evaluar el cambio y determinar sus acciones en la vida. Las novecientas mil mujeres que forman parte de la hermandad de la Sociedad de Socorro pueden ser un poder para ayudar a las mujeres del mundo a evaluar adecuadamente el cambio. Con las enseñanzas de la Iglesia como guía, ellas pueden ayudarse a sí mismas a avanzar por la línea correcta en el desarrollo de sus talentos y sus habilidades, y en su servicio al género humano. La Iglesia puede hacer que las mujeres del mundo sean capaces de determinar a qué cosas deben dar prioridad en su vida. Las mujeres Santos de los Últimos Días tienen a su alcance la firme e infalible guía que conduce al pleno desarrollo y a la completa utilidad de las mujeres. El poder para bien inherente en nuestras novecientas mil mujeres dirigidas por la inspiración del liderazgo del sacerdocio es incalculable. Para las mujeres Santos de los Últimos Días, las enseñanzas de la Iglesia son seguridad eterna. Que nunca las perdamos de vista, lo ruego sinceramente en el nombre de Jesucristo. Amén.