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Adán–ondi–Ahmán

Reunión de bendiciones patriarcales

Casa del Señor, Kirtland, Ohio

14 de septiembre de 1835


No habría sido inusitado que Elizabeth Ann Smith Whitney (1800–1882) se expresara a través de la música en el templo de Kirtland, Ohio. Ella creció en el seno de una refinada familia de Connecticut, disfrutando del canto y la danza, y toda su vida fue conocida por su talento vocal1. Aunque su esposo (Newel K. Whitney) y ella no pertenecían a ninguna denominación religiosa antes de 1830, aun así ella se consideraba “religiosa por naturaleza” y sentía el deseo de investigar las diferentes iglesias2. Recordaba lo siguiente: “Habíamos estado orando para que el Señor nos diera a conocer la manera en que podríamos obtener el don del Espíritu Santo… Deseábamos saber cómo recibir el Espíritu y los dones que se otorgaban a los santos en la antigüedad”. Whitney declaró que, en respuesta a sus oraciones, sintieron la presencia del Espíritu del Señor, tuvieron una visión de una nube celestial y escucharon una voz que les mandó que se prepararan para recibir la verdad3. Los Whitney conocieron la Iglesia de Cristo, como se denominaba entonces, por medio del misionero Parley P. Pratt en Kirtland, a finales de 1830, y se bautizaron en noviembre de ese mismo año4.

Muchas personas del siglo diecinueve que creían que los dones espirituales del Nuevo Testamento estaban a su alcance en esa época describieron experiencias con sueños, visiones, sanidades y el hablar en lenguas5. En la antigua tradición mormona, hombres y mujeres hablaban y cantaban en lenguas, y se traducían unos a otros tanto en público como en privado6. El 14 de septiembre de 1835, Whitney se reunió con muchas otras personas, lo más probable en el parcialmente acabado templo de Kirtland, para recibir su bendición patriarcal de manos de Joseph Smith, padre, el patriarca de la Iglesia. Whitney recordaba las “grandes manifestaciones de poder” en reuniones como aquella7. Pratt comentó que, durante ese mismo período, “muchas personas eran llevadas en las visiones del Espíritu, y veían y oían cosas inefables; y muchos disfrutaban del ministerio de ángeles, y del don de sanación y de lenguas”8. En la bendición que se le dio a Whitney, Joseph Smith, padre, le prometió “el don de cantar de un modo inspirador”. José Smith le dijo que nunca perdería ese don si lo usaba con sabiduría9. Después de recibir su bendición, Whitney se levantó y cantó en lenguas; su canto fue traducido por Pratt. Un escriba anónimo registró las palabras de la interpretación que hizo Pratt del himno de Whitney. Ella conservó la copia original, y esta fue impresa años más tarde en el periódico Woman’s Exponent10. La canción de Whitney sobre Adán-ondi-Ahmán que se reproduce aquí es ejemplo de una forma de sermón carismático decimonónico. La métrica y el tema de la canción de Whitney son muy similares a los del himno de William W. Phelps, “Adam-ondi-Ahman”11.

En tiempos ancestrales un hombre vivió,

en medio de un placentero jardín

donde bellas flores brotaban siempre,

desprendiendo su intensa fragancia.

Helo ahí; Adán es su nombre.

Uno de los nobles de la tierra,

con gran poder para bendecir.

Recibió el sacerdocio y progresó12;

bendijo a su simiente y a la tierra dio

bendiciones para su posesión13.

Para vida eterna los selló,

y a todas sus generaciones

que obedecieran el Plan de Salvación

hasta los últimos días del hombre:

una multitud de naciones.

Isaac y Jacob, cada uno a su tiempo,

tuvieron poder para bendecir a sus hijos14.

Así, por su fe aprendió Jacob,

e instrucciones en cuanto a sus huesos dio

de que fueran a Canaán llevados15.

Por el mismo espíritu dio José

poderosa y grande bendición

a Efraín y a Manasés también16,

y así su simiente emprendió

largos viajes aun en medio de aflicción.

Por la misma fe construyeron un barco

y atravesaron el imponente océano17.

La más escogida de las tierras heredaron,

del gran Mesías predijeron el nacimiento

y toda la fuerte conmoción18.

* * * * * * * *

Por mucho tiempo el santo sacerdocio

permaneció en todo su poder y gloria,

hasta que asesinados fueron los sacerdotes de Dios,

escondidos sus registros de los inicuos

en las entrañas del cerro Cumorah.

Su remanente se hundió en el pesar,

convertido en aborrecible pueblo.

Condenados a la miseria y la pena,

la penumbra bañando sus gratos campos,

por nación de gentiles gobernados.

Pero ahora, el sacerdocio se ha restaurado19

y de sus bendiciones participamos.

Nuestros padres e hijos queridos

con el remanente de José tienen parte,

hasta la última generación.

Tal como a su familia bendijo Adán

en Adán–ondi–Ahmán20,

así bendecirá nuestro anciano padre

a su simiente que more en rectitud

sobre la tierra de Sion21.