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Cada hermana debe dar un paso al frente

Sociedad de Socorro de Kanab

Escuela, Kanab, Territorio de Utah

13 de febrero de 1881


Eliza R. Snow

Eliza R. Snow. Aproximadamente 1875. Snow era poetisa, trotamundos y una reconocida líder de las mujeres Santos de los Últimos Días. Ella conectó con eficacia la Sociedad de Socorro de Nauvoo con el resurgimiento de la organización en el Territorio de Utah al conservar el libro de actas de la Sociedad de Socorro de Nauvoo y viajar por todos los asentamientos mormones para ayudar a organizar a las mujeres y animarlas a hablar. Fotografía por Charles Carter. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

El 13 de febrero de 1881, Eliza Roxcy Snow (1804–1887) habló a las mujeres en Kanab, Territorio de Utah, a más de cuatrocientos ochenta kilómetros (trescientas millas) al sur de Salt Lake City, sobre la búsqueda individual de la salvación1. Tres meses antes, la hermana Snow salió de Salt Lake con Zina D. H. Young como compañera de viaje para realizar una larga gira por los asentamientos de Santos de los Últimos Días en el sur de Utah2. Tenían la intención de participar en las ordenanzas del Templo de St. George, el único templo de la Iglesia en funcionamiento en ese tiempo3. También visitaron y organizaron sociedades de socorro, asociaciones de mejoramiento mutuo de mujeres jóvenes y primarias por todo el centro y el sur de Utah4.

Las hermanas Snow y Young pasaron la segunda semana de febrero en Kanab, a unos ciento treinta kilómetros (ochenta millas) al este de St. George, justo al norte de la frontera de Arizona5. Debido en parte a su aislamiento, este asentamiento no solía recibir visitas. El presidente de la Estaca Kanab, John Nuttall, anteriormente había comentado: “No tenemos el privilegio de recibir visitas de las hermanas líderes del norte; viajar y visitar a quienes están rodeados de influencias externas requiere todo su tiempo”6. Mientras estaban en Kanab, las hermanas Snow y Young asistieron a un pícnic de barrio, organizaron la Primaria de la Estaca y del Barrio Kanab, se reunieron con la Sociedad de Socorro y con la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes (YLMIA, por sus siglas en inglés) de Kanab, y organizaron una asociación de seda7. El domingo 13 de febrero, las hermanas Snow, Young y Minerva Snow, presidenta de la Sociedad de Socorro de la estaca en St. George, hablaron en una reunión combinada de la Sociedad de Socorro y la YLMIA8.

Las mujeres de Kanab recibieron a sus visitantes de Salt Lake City con un saludo formal, aclamándolas como “damas pioneras”, “madres en Israel” y “presidentas de todas las mujeres del género humano”9. En junio de 1880, la hermana Snow había sido nombrada Presidenta General de la Sociedad de Socorro y había elegido a la hermana Young como su primera consejera10. En esa función, la hermana Snow tenía autoridad para supervisar las organizaciones de mujeres de la Iglesia. Sus relaciones personales contribuían también a su posición en la sociedad de los Santos de los Últimos Días. Ella había sido esposa plural de José Smith y, después de que él murió, se había casado con Brigham Young. La hermana Snow adoptó el apellido Smith en 1880, tras la muerte de Brigham Young en 1877, la muerte de Emma Smith en 1879 y su nombramiento como Presidenta General de la Sociedad de Socorro en 188011. Ella creía que cada mujer era responsable de su propia salvación, y así lo enseñó a las mujeres en Kanab.

La hermana Snow Smith dijo que hubo un tiempo en que pensábamos que nuestros esposos nos salvarían, independientemente de nuestros propios esfuerzos. Ahora entendemos que, en lugar de depender totalmente de nuestros esposos para nuestra salvación y posición, tenemos que labrar estas por nosotras mismas12. La responsabilidad y el trabajo que recaen sobre las mujeres son cada vez más importantes. Si la sociedad mejora es en gran parte porque las mujeres se refinan; y el bienestar de sus hijos depende mucho de la influencia y del ejemplo de ellas. Estas sociedades están para ayudar a los obispos y reducir muchas de las cargas que recaen sobre ellos. Estamos organizadas en estructuras de estaca y de barrio, y es necesario que cada hermana dé un paso al frente y tome las riendas de esta obra para el beneficio de sus hijas. El Señor desea que seamos un pueblo singular. Sentía que ninguna de nosotras se acerca al Padre tanto como debería. Cuando logramos la victoria sobre nosotras mismas, entonces somos salvas. “A mis jóvenes hermanas les diría: No eludan nunca su deber13. Dios ha puesto en sus manos los medios para que lleguen a ser reinas y sacerdotisas en Su reino si tan solo viven para lograrlo”14.