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Nuestro sexto sentido, o sentido del entendimiento espiritual

Consejo Nacional de Mujeres

Auditorio de Música Metzerott, Washington D. C.

21 de febrero de 1895


Sarah M. Kimball

Sarah M. Kimball. Aproximadamente década de 1890. En su papel como secretaria de la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro, la hermana Kimball coordinó la recolección de registros autobiográficos de hombres y mujeres en 1880. Esta cápsula del tiempo se creó para celebrar el aniversario de la fundación de la Iglesia, y se recuperó en 1930. Los objetos se distribuyeron entre las mujeres vivas más ancianas que descendían de los autores originales. (Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

Sarah Melissa Granger Kimball (1818–1898) dedicó su vida a promover la actividad pública y el “entendimiento espiritual” personal de las mujeres, tal como explicó en este discurso que pronunció en el Consejo Nacional de Mujeres en 1895. Nacida en Phelps, Nueva York, su familia y ella se bautizaron después de que su padre leyera el Libro de Mormón al poco tiempo de haber sido publicado1. Siendo jovencita, la hermana Kimball asistió tanto a la Escuela de los Profetas como a la escuela de hebreo en Kirtland, Ohio, por lo menos una vez2. Después de que su marido y ella emigraran a Utah, la hermana Kimball trabajó como maestra de escuela para mantener a su esposo, Hiram, y a sus hijos3. Su coetánea, Emmeline B. Wells, dijo que Kimball “tenía una gran habilidad para la enseñanza [y] podía simplificar las lecciones y adaptarlas al entendimiento de aquellos a quienes enseñaba”4. Estos esfuerzos académicos que hizo en su juventud y en los primeros años de su edad adulta pusieron los fundamentos para la búsqueda intelectual que realizó posteriormente en su vida.

Siendo organizadora nata, la hermana Kimball llegó a ser una destacada líder entre las mujeres mormonas. En la primavera de 1842 ella coordinaba una sociedad de costura para damas en Nauvoo, Illinois, que condujo a la organización formal de la Sociedad de Socorro Femenina5. Quince años después llegó a ser presidenta de la Sociedad de Socorro del Barrio Quince de Salt Lake City cuando esta se organizó por primera vez6. Como presidenta de la Sociedad de Socorro de barrio, influyó en sociedades de socorro por toda la Iglesia al ayudar a definir las funciones de las líderes y al supervisar la construcción del primer salón de actos de la Sociedad de Socorro7. La hermana Kimball sirvió también como secretaria de la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro desde 1880 hasta el día de su muerte, tiempo durante el cual llevó registros y fomentó la creación de relatos históricos de las mujeres8. A lo largo de su vida, la hermana Kimball abogó por la igualdad y los derechos de la mujer, promoviendo incluso el sufragio femenino en Utah en las décadas de 1870 y 18809.

La hermana Kimball participaba en las reuniones del Consejo Nacional de Mujeres, las cuales coordinaban los esfuerzos de varias organizaciones a favor de los derechos de la mujer10. La segunda sesión trienal del Consejo se celebró en Washington D. C. entre el 17 de febrero y el 2 de marzo de 1895. Representantes de organizaciones de mujeres de todos los Estados Unidos se reunieron para hablar de temas tales como religión, moderación, filantropía, sufragio, industria y educación11. Elmina S. Taylor encabezó la delegación de Utah, que también incluía a Ellis R. Shipp, Emmeline B. Wells, Aurelia Spencer Rogers, Marilla Daniels, Minnie J. Snow y Susa Young Gates. Tanto la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes (YLMIA, por sus siglas en inglés) como la Sociedad de Socorro dirigieron sesiones, y hubo representantes que asistieron a reuniones de negocios y a conferencias12.

La hermana Kimball, una oradora impecable, era bien conocida fuera de Utah como representante de las mujeres mormonas13. Tal vez debido a su edad, la hermana Kimball no asistió a la conferencia en Washington D. C., pero preparó este discurso, el cual fue leído por Marilla Daniels durante una sesión vespertina de la conferencia; su discurso exploraba las ideas filosóficas del entendimiento espiritual y el progreso eterno14. Susa Gates consideró que este fue “el mejor artículo de nuestra sesión… aunque tan espiritual que tal vez no todos lo apreciaran en su plenitud”. Aunque la hermana Gates describió la calurosa bienvenida que se dio a las mujeres de Utah, también observó que algunas personas de la audiencia expresaron inquietud por las prácticas y creencias distintivas de los mormones15. El discurso de la hermana Kimball se imprimió en el periódico Woman’s Exponent y se distribuyó ampliamente entre las mujeres Santos de los Últimos Días.

Ven, Santo Espíritu, celestial paloma;

con tus poderes vivificantes,

de amor sagrado prende una llama

en estos fríos corazones nuestros16.

En ocasiones como esta conviene tener en cuenta aquellos temas que serán de mayor beneficio para el género femenino; y en mi opinión es oportuno hablar aquí de la capacidad mental en que la mujer está preferentemente preparada para sobresalir. La contemplación del sentido del entendimiento espiritual me produce, en primer lugar, un sentimiento de pequeñez e incapacidad, y luego me anima en mi intento de expresar algunos pensamientos sobre este apasionante tema.

Esta facultad, como nuestros sentidos físicos, es algo que se puede cultivar. Sus posibilidades son ilimitadas; es la causa más incomprendida; es lo divino de nuestra naturaleza; abre nuestro entendimiento a cosas que no se ven con los ojos naturales ni se disciernen con la mente terrenal; amplía nuestra percepción. Con los ojos y los sentidos de nuestra naturaleza física nos conectamos con nuestro entorno físico; con los ojos y los sentidos espirituales despiertos y cultivados entramos en comunión con el infinito.

Este sexto sentido conecta la existencia terrenal con la inmortal; testifica con un lenguaje inconfundible de la inmortalidad del alma17. Instruye, exalta y refina a quienes prestan atención a sus susurros y siguen su influencia guiadora. Este sentido conduce a cumbres maravillosas de entendimiento superior; enseña los secretos de la siempre existente vida —nuestra relación con el pasado, el presente y el futuro— y restituye nuestra armonía con la fuente infinita de vida e inteligencia18. Ilumina al alma que lo cultiva, purifica los pensamientos y las acciones, ensancha la esfera de comprensión y exalta las aspiraciones. El ejercerlo continuamente acerca al que lo posee cada vez más al trono del Todopoderoso.

Quienes responden a los susurros de este sentido se acercan con compasión los unos a los otros, tal como se vio ejemplificado en el congreso religioso que se celebró en Chicago en 1893, donde peregrinos religiosos y potenciales reformadores de todas las tierras y todos los credos se reunieron y armonizaron en un vínculo de amor. Esto fue especialmente cierto en la sección femenina de ese memorable congreso19.

La luz de este sentido se ha presagiado en varias épocas de la historia del mundo. En el siglo diecinueve, los brillantes reflectores de la religión, la filosofía y la ciencia se han unido en el estudio de una senda inexplorada hacia un refugio de luz que es inextinguible.

El ejercicio legítimo del poder espiritual que se adquiere por medio del funcionamiento de este sentido pone a la persona en posesión de las llaves del conocimiento, y la viste con una responsabilidad adicional relacionada con el entendimiento y la elevación de la familia humana.

Aquellos que buscan mediante la fe y la sincera oración hallan la luz que conduce a la puerta de oro20. El camino angosto se abre ante los que llaman con la seguridad que proviene del estudio y la fe21, y son recibidos en comunión con el Padre y la Madre Infinitos22, se les permite entrar en las sagradas mansiones, asistir a la escuela de los profetas23 y, paso a paso, llegar a la escuela de los dioses, donde aprenden los procesos mediante los cuales se organizan los mundos al combinar elementos eternos, inteligentes y obedientes; los usos por los que los mundos son creados; el modo en que son gobernados y las leyes de progreso mediante las cuales todos los seres y las cosas animadas son perfeccionadas y glorificadas en sus respectivas esferas24.

Los estudiosos de este sentido llegan a familiarizarse —unos más y otros menos— con la condición de esa porción de la familia humana cuyos diversos estados son a semejanza de las estrellas. Ellos contemplan la inteligencia, la gloria y la paz que son a semejanza de la luna; y progresivamente este sentido instruye, disciplina, ilumina y pone al que lo posee en armonía con el resplandor de la luz celestial y la gloria que son a semejanza del sol25. Todos los que entran en esta gloria superior son herederos con Jesucristo, nuestro hermano mayor en el estado preterrenal, de todo conocimiento, poder, exaltación y gloria que posee el Padre26.

Cuando a través de nuestra naturaleza espiritual estamos en comunión con Dios, nos acercamos cada vez más los unos a los otros, y nuestras palabras y obras se combinarán de manera cada vez más armoniosa hasta que los hijos diligentes de la tierra, reconociendo el parentesco espiritual universal, saluden al apacible amanecer milenario y participen en el triunfante reino de nuestro Dios y Su Cristo.

Se espera mucho de las aventajadas pensadoras y diligentes obreras que componen el Consejo Trienal de la Mujer27. Sus labores de preparación han sido arduas; los susurros de este sentido han desarmado la oposición y les han traído una gran medida de victoria. El poder de muchas oraciones ondea sobre ustedes en forma de inspiración; y, en respuesta, la más sublime expresión de su sabiduría combinada debe irradiar e inspirar a las almas receptivas de todo el mundo, despertando esperanzas más elevadas y actividades más firmes en la causa de una civilización más refinada, y a un entendimiento más perfecto de la ciencia divina, tal como nos revela nuestro sexto sentido, o sentido del entendimiento espiritual.

Para concluir, la autora, en amorosa solidaridad, pide que esa luz espiritual aumentada ilumine la senda de las diversas líneas del buen trabajo representado en el Consejo Trienal.

Notas al pie de página

  1. [1]Sarah M. Kimball, “Auto-Biography”, Woman’s Exponent, tomo XII, nro. 7, 1 de septiembre de 1883, pág. 51.

  2. [2]Fifteenth Ward, Salt Lake Stake, Relief Society Minutes and Records, tomo V, 1874–1894, 11 de abril de 1894, y tomo VIII, 1893–1899, 25 de noviembre de 1896, pág. 140, Biblioteca de Historia de la Iglesia; “President Sarah M. Kimball”, Woman’s Exponent, tomo XXVII, nro. 14, 15 de diciembre de 1898, pág. 77. La Escuela de los Profetas se organizó en Kirtland originalmente para capacitar a los misioneros. De vez en cuando asistían mujeres a las reuniones. La escuela de hebreo era un programa educativo instituido por José Smith en Kirtland en enero de 1836 para el estudio de la lengua hebrea. (Matthew C. Godfrey, Mark Ashurst-McGee, Grant Underwood, Robert J. Woodford y William G. Hartley, editores, Documents, Volume 2: July 1831–January 1833, tomo II de la serie Documents de The Joseph Smith Papers, editado por Dean C. Jessee, Ronald K. Esplin y Richard Lyman Bushman, Salt Lake City: Church Historian’s Press, 2013, págs. 378–380; “Hebrew School”, accedido el 9 de febrero de 2016, josephsmithpapers.org).

  3. [3]Kimball, “Auto-Biography”, pág. 51.

  4. [4]Emmeline B. Wells, “L.D.S. Women of the Past: Personal Impressions”, Woman’s Exponent, tomo XXXVII, nro. 1, junio de 1908, pág. 1.

  5. [5]Kimball, “Auto-Biography”, pág. 51; Jill Mulvay Derr, Carol Cornwall Madsen, Kate Holbrook y Matthew J. Grow, editores, The First Fifty Years of Relief Society: Key Documents in Latter-day Saint Women’s History, Salt Lake City: Church Historian’s Press, 2016, pág. 24.

  6. [6]Salt Lake Stake Relief Society Record, 1880–1892, pág. 69, Biblioteca de Historia de la Iglesia. La hermana Kimball sirvió como presidenta de la Sociedad de Socorro de barrio desde 1857 hasta el día de su muerte. (“President Sarah M. Kimball”, pág. 77).

  7. [7]Sarah M. Kimball, “Duty of Officers of FR Society”, aprox. mayo de 1868, en Derr et al., First Fifty Years, págs. 285–289; véase también Jennifer Reeder, “‘To Do Something Extraordinary’: Mormon Women and the Creation of a Usable Past”, tesis doctoral, George Mason University, 2013.

  8. [8]Salt Lake Stake Relief Society Record, 1880–1892, tomo VII, págs. 52–54. Cuando la Sociedad de Socorro se constituyó legalmente en octubre de 1892, la hermana Kimball fue elegida como una de las vicepresidentas, un cargo que también sostuvo hasta que murió. (“President Sarah M. Kimball”, pág. 77).

  9. [9]En enero de 1870, la hermana Kimball fue elegida presidenta de una asamblea masiva de mujeres que se celebró en protesta por las leyes federales contra la poligamia. También trabajó con Susan B. Anthony y otras personas como presidenta de la Asociación Sufragista de Utah. (Fifteenth Ward, Salt Lake Stake, Relief Society Minutes and Records, tomo I, 1868–1873, 6 de enero de 1870, pág. 139; véanse también Derr et al., First Fifty Years, págs. 305, 310; “President Sarah M. Kimball”, pág. 77; y Wells, “L.D.S. Women of the Past”, pág. 1).

  10. [10]Louise Barnum Robbins, editora, History and Minutes of the National Council of Women of the United States, Organized in Washington, D.C., 31 de marzo de 1888, Boston: E. B. Stillings, 1898, págs. 1–6.

  11. [11]“Woman’s Council: Topics to Be Discussed at the Coming Gathering”, Evening Star, Washington D. C., 9 de febrero de 1895.

  12. [12]Susa Young Gates, “Utah Women at the National Council of Women”, Young Woman’s Journal, tomo VI, nro. 9, junio de 1895, págs. 391, 397, 417. Elmina S. Taylor fue la primera Presidenta General de la YLMIA, desde 1880 hasta 1904. Ellis R. Shipp, una de las primeras doctoras de Utah, formaba parte de la Sociedad de Socorro y la YLMIA. Emmeline B. Wells fue la editora del periódico Woman’s Exponent entre 1877 y 1914, y fue nombrada secretaria general de la Sociedad de Socorro en 1892. Aurelia Spencer Rogers fundó la organización de la Primaria en 1878. Marilla Daniels fue la primera consejera de la Sociedad de Socorro de la Estaca Utah County. Minnie J. Snow fue presidenta de la YLMIA de la Estaca Box Elder entre 1879 y 1894, y también sirvió en la Mesa Directiva General a partir de 1892. Susa Young Gates fundó la revista Young Woman’s Journal y fue designada para la Mesa Directiva General de la YLMIA en 1888.

  13. [13]“President Sarah M. Kimball”, pág. 77. Según la hermana Wells, Sarah M. Kimball “era una excelente oradora, concisa en lenguaje y expresión, utilizaba el menor número de palabras posibles para transmitir lo que quería decir, y planteaba los temas invariablemente bien”. En 1891, la hermana Kimball representó a la Asociación Sufragista Femenina de Utah en Washington D. C. en las reuniones de la Asociación Nacional por el Sufragio Femenino. (Wells, “L.D.S. Women of the Past”, pág. 2; Jill Mulvay Derr, Sarah M. Kimball, Salt Lake City: Signature Books, 1976, pág. 2).

  14. [14]Emmeline B. Wells presidió la sesión de la tarde y después del artículo de la hermana Kimball ella presentó otro titulado “Forty Years in the Valley of the Great Salt Lake” [Cuarenta años en el Valle del Gran Lago Salado]. A ella siguió Alleseba Bliss, presidenta de la Escuela Industrial para Niñas de Adrian, Michigan. Unas semanas antes, Marilla Daniels había sido delegada de la Asociación Sufragista Femenina de Utah en las reuniones de la Asociación Nacional por el Sufragio Femenino en Atlanta. (“Women and the Flag: Patriotism Made the Subject of Today’s Addresses”, Evening Star, Washington D. C., 22 de febrero de 1895; “Notable Utah Women: Mrs. Marilla Daniels”, Deseret Evening News, 24 de noviembre de 1900).

  15. [15]Gates, “Utah Women at the National Council of Women”, págs. 416–417.

  16. [16]Este himno fue escrito por Isaac Watts en 1707 y publicado en varios himnarios de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, entre ellos el himnario de Manchester de 1840, el himnario de Nauvoo de 1841 y varias ediciones del himnario de Liverpool. (John Julian, editor, A Dictionary of Hymnology: Setting Forth the Origin and History of Christian Hymns of All Ages and Nations, 2 tomos, Nueva York: Dover Publications, 1907, tomo I, pág. 247; Emma Smith, editora, A Collection of Sacred Hymns for the Church of Jesus Christ of Latter Day Saints, Nauvoo, IL: E. Robinson, 1841, págs. 47–48; Shane J. Chism, compilador, A Selection of Early Mormon Hymnbooks, 1832–1872: Hymnbooks and Broadsides from the First 40 Years of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Tucson, AZ; impreso por el autor, 2011, págs. 310–311).

  17. [17]La hermana Kimball no fue la primera persona que contempló la idea de un sexto sentido. Jonathan Edwards, teólogo del siglo dieciocho, habló de un sentido del corazón —aparte de los cinco sentidos conocidos— por el cual la persona podía sentir la santidad de Dios. Además, Eliza R. Snow habló del concepto de un “sexto sentido” en un poema que presentó en la Sociedad Polisófica el 27 de febrero de 1855: “El sexto, el sentido del espíritu mostrará el camino / si a sus dictados prestamos constantemente atención, / y su proceso refinador nos preparará / para un recibimiento pleno y libre allá”. El concepto de un sexto sentido espiritual lo abordaron también Emmeline B. Wells, Lucy Clark y Lula Greene Richards en una reunión del Utah Women’s Press Club [Club de Prensa de Mujeres de Utah] en 1893. (Véanse William Dean, American Religious Empiricism, Albany: State University of New York Press, 1986, págs. 22, 83; Eliza R. Snow, “Nationality”, en Eliza R. Snow: The Complete Poetry, editado por Jill Mulvay Derr y Karen Lynn Davidson, Provo, UT: Brigham Young University Press; Salt Lake City: University of Utah Press, 2009, págs. 486–490; y Ella W. Hyde, “U.W.P. Club”, Woman’s Exponent, tomo XXI, nro. 19, 1 de abril de 1893, pág. 150).

  18. [18]Véase Doctrina y Convenios 93:29, 36.

  19. [19]La Exposición Universal de Chicago de 1893 incluyó un Congreso Mundial de Mujeres en Órganos Representativos que se centró, en parte, en la religión. Las delegadas llegaron de varios países y representaban a ciento veintiséis organizaciones que participaban en la reforma civil, política y moral; la religión; la caridad y la filantropía; y la educación. El Consejo Nacional de Mujeres ayudó a coordinar esta conferencia. La hermana Kimball ofreció la primera oración en la sesión de la Sociedad de Socorro. (May Wright Sewall, editora, The World’s Congress of Representative Women: A Historical Résumé for Popular Circulation, Chicago: Rand McNally, 1894, pág. 5; Reid L. Neilson, Exhibiting Mormonism: The Latter-day Saints and the 1893 Chicago World’s Fair, Nueva York: Oxford University Press, 2011, págs. 92–102; véase también el capítulo 21 de este libro).

  20. [20]Véanse Doctrina y Convenios 109:7; 103:36.

  21. [21]Véase Mateo 7:7.

  22. [22]Para más información sobre la doctrina de los Santos de los Últimos Días en cuanto a la Madre Celestial, véanse “Madre Celestial”, Temas del Evangelio, accedido el 9 de mayo de 2016, lds.org; y David L. Paulsen y Martin Pulido, “‘A Mother There’: A Survey of Historical Teachings about Mother in Heaven”, BYU Studies, tomo L, nro. 1, 2011, págs. 70–97.

  23. [23]Históricamente, las primeras iglesias presbiterianas y congregacionalistas estadounidenses se valían de “escuelas de profetas” a fin de preparar al clero para el servicio en el ministerio. La hermana Kimball probablemente utiliza esta expresión más en el sentido de capacitación y preparación divina. (Joseph F. Darowski, “Schools of the Prophets: An Early American Tradition”, Mormon Historical Studies, tomo IX, nro. 1, primavera de 2008, págs. 1–13).

  24. [24]Véase Doctrina y Convenios 101:32–34.

  25. [25]Véase 1 Corintios 15:40–41.

  26. [26]Romanos 8:17.

  27. [27]El Consejo Nacional de Mujeres se fundó en 1888 y su primera sesión trienal se celebró en Washington D. C. en 1891. El Congreso Mundial de Mujeres en Órganos Representativos, realizado conjuntamente con la Exposición Universal de Chicago en 1893, se celebró en lugar de la sesión trienal del Consejo Nacional de Mujeres; por lo tanto, el segundo trienal fue esta reunión que se celebró en Washington D. C. en 1895, dos años después. (Robbins, History and Minutes of the National Council of Women, pág. 161).